Poner la otra mejilla

Muchos de los actos asociados con la paz nacen de las religiones y uno de ellos es poner la otra mejilla. Esa es una expresión por mucho de paz, pero no creo que hoy la gente esté dispuesta  asumirlo.

Poner las otra mejilla significa que tienes tolera el abuso del otro esperando en dios que las cosas mejores y no es que no crea en dios, no me malentienda, sino que a veces es complicado solo poner las cosas en sus manos. Poner la otra mejilla supone no hace nada, dejar que el otro haga lo que se le venga en gana y aun así perdonarlo…

Ciertamente hay países que no piensan que esto sea justo, de hecho, yo mismo lo llego a pensar. Por ejemplo, en Colombia, sentarse a hablar de paz con la guerrilla era como poner la cara para que le golpeasen y la gente no estuvo de acuerdo.

Ahora bien, si no vamos a poner la otra mejilla, por lo menos procuremos no entrar en violencia, pues una cosa es defender nuestro derecho a la paz y otra cosa muy distinta es caer en el juego. Yo sé que puede ser difícil encontrar la diferencia entre esos conceptos, pero se hace necesario.

Para nadie es un secreto que los violentos no dialogan y uno tiende a querer caer en la violencia solo para defender el derecho, pero los grandes de la paz nos han enseñado e manera distinta.

Los que no somos violentos, somos perseverantes y es allí donde radica nuestra fortaleza, es decir, no te vamos  atacar, pero no vamos a retroceder en nuestros intentos por defender lo nuestro; el ser violento eventualmente entiende que no va a logra someter a esa persona y se da por vencido.